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Javier Menway Barcia vendió su casa en La Habana por 10 mil dólares, con ese dinero le compró a su madre algunos artículos de primera necesidad y una televisión, luego reservó un boleto de avión a Ecuador y tramitó un permiso de turista por tres meses.

A pesar de que en noviembre dejó a su madre en medio de un mar de lágrimas, Barcia y su novia Alina Miranda Guinado no tienen ninguna intención de regresar a la isla.

Barcia con 24 años de edad y Guinado de 27, se unieron a los miles de cubanos que han dejado su país en los últimos meses  temiendo que las regulaciones para las peticiones de asilo político cambien luego de que Estados Unidos y Cuba retomaran sus relaciones diplomáticas.

Bajo la Ley de Ajuste Cubano de 1966, los inmigrantes cubanos tienen permitido entrar a los Estados Unidos y se les otorga algunos beneficios, como ayuda económica y asistencia para encontrar empleo.

A pesar de que otros cubanos les advirtieron por mensajes de texto de los peligros de su travesía, la pareja nunca imaginó lo aterrador y peligroso que sería su viaje por cinco países, Ecuador, Colombia, Panamá, México y la semana pasada su llegada a El Paso.

“Si lo tuviera que hacer de nuevo, no sé si lo haría”, dijo Guinado, quien se enteró que estaba embarazada a la mitad de su odisea de cinco meses.

Visiblemente cansados, Guinado y Barcia recordaron a detalle en la Iglesia Luterana de San Pablo en esta frontera, los peligros que tuvieron que sortear durante su viaje. Haciendo una retrospectiva, la pareja dijo que tuvieron suerte de no morir en la selva, de no recibir un disparo o perecer en aguas turbias regularmente usadas como vía de transporte de drogas.

En Ecuador, Guinado, quien en Cuba se desempeñaba como contadora, comentó que encontró un empleo en un hotel donde trabajaba como recepcionista y en el área del bar. Trabajaba la mayor parte del día para ganar únicamente 50 dólares por mes, tenía el tiempo limitado hasta para tomar una ducha.

Barcia tuvo mucha dificultad para encontrar cualquier tipo de empleo. A pesar de ser un técnico en computación, Barcia terminó vendiendo gelatinas en la calle.

A punto de expirar su permiso de turista, ambos decidieron no quedarse en Ecuador y seguir los pasos que muchos inmigrantes cubanos habían seguido antes que ellos. Su primera entrada a Colombia fue extrañamente segura y sin incidentes.

Eso pronto cambió, al vivir en constante temor en Medellín lugar con una importante presencia militar.

“Después de un tiempo, Javier se ponía muy nervioso cuando veía cualquier tipo de policía u oficial de seguridad”, dijo Guinado.

La pareja puso sus vidas en manos de peligrosos “coyotes” o traficantes de personas quienes se aprovechaban de la pareja haciéndoles falsas promesas y cobrándoles a cada parada de su viaje.

“El coyote es un delincuente, algunos cumplen lo que dicen. Otros no, pero no puedes saber de qué tipo son”, dijo Barcia.

Ambos fueron escondidos atrás de baños de autobuses, pasaron noches en hoteles de mala muerte, cruzaron aguas pantanosas que les llegaban hasta la cintura, todo esto cargando siempre una mochila e 20 libras que según dijeron parecía pesar 200. Sobrevivieron con muy poca comida, algo de arroz y atún, bebían agua de coco, en algunas ocasiones compartían una soda con otros cubanos en un bote e inclusive tuvieron que beber agua de lluvia para subsistir.

Guinado recordó que el punto más álgido de su travesía fue cuando en un pequeño bote estuvo a punto de caer al mar cuando la embarcación con 20 cubanos abordo incluyendo dos niños de 4 y 9 años, se mecía por las fuertes olas.

“Pensé que iba a morir o caer del bote cada vez que una ola golpeaba con fuerza a la embarcación, el cuerpo me dolía desde mis entrañas al tratar de sujetarme con todas mis fuerzas. Javi trató de detenerme y le dije que me dejara porque me dolía aún más”, comentó.

Sabía que si alguien caía los traficantes de personas no se detendrían para auxiliarlo ya que se encontraban en territorio bajo dominio de los cárteles de la droga.

La pareja inició su viaje con seis mil dólares en los bolsillos, mucha de esa cantidad quedó en manos de los “coyotes”, ahora tratan de contactar a un amigo que es músico en Michigan. En este momento no tienen dinero suficiente para comprar los boletos de avión y dejar El Paso.

Con un bebé en camino, la pareja ve con optimismo su futuro. Barcia inclusive contempla la posibilidad de que su madre algún día lo visite en los Estados Unidos. Ella no tiene planes de dejar Cuba.

“Son muchas cosas las que quiero decir de Cuba, pero no puedo”, dijo Barcia.

“Quiero saber porque no teníamos acceso al Internet y muchas otras cosas como las tienen otros países”.

Y añadió “quiero trabajar muy duro por mi dinero. Los primeros 20 dólares que gane se los quiero enviar a mi madre. Con eso, ella puede comer por al menos una semana.

María Cortés González puede ser localizada en el 546-6150; mcortes@elpasotimes.com; Sígala en Twitter @EPTMaria 

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